Taiwán está revisando su estrategia de defensa. En las últimas semanas, el exalmirante Lee Hsi‑Min ha enfatizado que el objetivo principal es desarrollar sistemas de armas “baratos, móviles y difíciles de destruir” para contrarrestar un ataque de gran escala de China.
"Armas baratas, móviles y difíciles de destruir", afirma Lee, exigiendo una nueva doctrina que permita a Taiwán no solo repeler la agresión, sino también aumentar la incertidumbre operativa del enemigo.
El enfoque estratégico de Lee se basa en un campo de batalla “difuso”: numerosas plataformas móviles con misiles, drones y sistemas de guerra electrónica que se desplazan rápidamente, disparan y se reposicionan, creando una red difícil de localizar y neutralizar.
En definitiva, Taiwán no busca una paridad directa con China, sino centrarse en la resiliencia y el soporte logístico de operaciones prolongadas, elevando los costos y ralentizando cualquier invasión potencial.